Carmen Mascareña Gutiérrez, recibe el reconocimiento en memoria de su padre Antonio Mascareña Silva.
Antonio Araujo Franco, recibe un presente como reconocimiento.
Hay días en los que no se necesitan grandes discursos. Basta con detenerse, mirar hacia atrás y reconocer a quienes, con sus actos, han sabido representar aquello que todos quisiéramos ser.
El homenaje a nuestro recordado amigo Antonio Mascareña Silva y Antonio Araujo Franco como Isleños del Año 2026, promovido por la "Asociación de Amigos de Isla Cristina" en Madrid, ha sido uno de esos momentos.
Un acto sencillo, sin artificios, pero intenso y entrañable. De esos que no necesitan demasiados adornos porque la emoción ya estaba escrita en los rostros de los familiares y amigos, en los recuerdos y, sobre todo, en las historias de quienes recibían el reconocimiento, donde existieron notables ausencias...
Y hay algo especialmente hermoso para que una asociación decida poner el foco en los valores humanos. En una sociedad en la que tantas veces medimos el éxito por lo que tenemos o aparentamos, por lo que conseguimos o por el lugar que ocupamos, resulta reconfortante que todavía existan quienes nos recuerdan que también hay personas que merecen ser reconocidas simplemente por su humildad o sus azañas y por lo que fueron capaces de hacer por los demás.
El reconocimiento póstumo a Antonio Mascareña adquiere, por eso, una dimensión especial.
Antonio entregó su vida intentando salvar la de otra persona. Y lo hizo, además, cuando se encontraba limitado y convaleciente de una enfermedad. Pudo haber pensado en sí mismo. Pudo haber mirado hacia otro lado. Pudo, pero no lo hizo.
Hay momentos en la vida en los que no hay tiempo para pensar y sólo existe la necesidad de ayudar. Y Antonio respondió a esa necesidad con la grandeza de quien entiende que la vida de otro puede llegar a valer tanto como la propia.
Hoy, su ausencia duele, pero su gesto permanece.
Y quizás esa sea la mejor manera de entender este homenaje: no como un reconocimiento a una muerte, sino como un reconocimiento a una vida que, en su último suspiro, ha alcanzado una dimensión extraordinaria.
A su lado, Antonio Araujo Franco, presente en el acto, recibió también el reconocimiento de Isla Cristina en la figura del alcalde. Dos historias diferentes, pero unidas por algo esencial: la generosidad, la entrega y esa manera de entender la vida en un acto expontaneo que no busca protagonismo.
Las hermosas palabras de Begoña Bilbao, presidenta de la Asociación de Amigos de Isla Cristina, de Rafael López Ortega, del sacerdote don Emilio López Botello y del alcalde Jenaro Orta Pérez estuvieron cargadas de emoción y sentimiento. No fueron simplemente intervenciones protocolarias, han sido algo más. Fueron palabras nacidas del respeto y del cariño hacia quienes estaban siendo homenajeados.
Y quizá ahí estuvo la verdadera grandeza de la noche. Porque un pueblo también se define por a quién decide recordar.
Podemos recordar acontecimientos, fechas, edificios, personajes o episodios de nuestra historia. Pero cuando una sociedad decide recordar a quienes han demostrado solidaridad y entrega, está haciendo algo mucho más importante: está señalando el camino que quiere para quienes vienen detrás.
En tiempos en los que parece que todo gira demasiado deprisa, en los que el individualismo gana terreno y en los que tantas veces olvidamos mirar a quien tenemos nuestro lado, reconocer a Antonio Mascareña y a Antonio Araujo es también una forma de decirles a nuestros jóvenes y a la sociedad que hay otra manera de vivir.
Una manera en la que ayudar importa. En la que la palabra compromiso todavía significa algo. En la que tender una mano puede ser más importante que recibir aplausos.
Por eso creo que la Asociación de Amigos de Isla Cristina ha acertado plenamente.
Porque los homenajes más importantes no siempre son los que reconocen a quienes más han brillado, sino también a aquellos que nos recuerdan qué merece realmente la pena.
Y Antonio Mascareña, con su último acto de generosidad, nos dejó una lección que difícilmente podrá borrarse de nuestra memoria.
Quizás por eso, al salir de un acto como este, uno no puede evitar pensar que un pueblo es mucho más que sus calles, sus fiestas, sus tradiciones o su historia, los pueblos son su gente.
Un pueblo también es la suma de las personas que, con sus actos, consiguen hacerlo un poco mejor. Y en esa suma, desde ahora, hay dos nombres que merecen ocupar un lugar especial: Antonio Mascareña Silva y Antonio Araujo Franco.
Dos Isleños del Año.
Y, sobre todo, dos ejemplos de la grandeza humana que también forma parte de nuestra querida Isla Cristina.
Galardonados, miembros de la Asociación de Amigos de Isla Cristina en Madrid y autoridades.
Marcelino Fernández Concepción "El Zoilo" con un grupo, disfrazado en el Carnaval de Isla Cristina en la década de los años 50 del Siglo XX.
Es conocido, que la primera murga organizada de la que tenemos constancia y que volvió a salir en el Carnval de Isla Cristina, tras la Guerra Civil, fueron "Los Asturianos" dirigida por "Luis El Carbonero".
Hace algunos años, el nieto de Marcelino Fernández Concepción "Zoilo", Leonel Lorador, me facilitó esta fografía que hoy hago pública. Desconozco a qué grupo pertenece y a qué modalidad, pero parece parte de una agrupación de carnaval, aunque no aparezcan los instrumentos. El señor que aparece sentado en el suelo a la derecha de la imagen, no es otro que el gran "Zoilo", uno los grandes directores y autores de Coros del Carnaval de Isla Cristina, y quién al inicio de la Guerra Civil, tuvo que marchar con su esposa isleña hasta Portugal, estableciendo su residencia en Villa Real de San Antonio.
Si analizamos esta fotografía, observamos que están sentados en el suelo y en uno de los bancos de la Plaza del Caudillo, frente a la casa de Francisco Mirabent y el antiguo y desaparecido Ayuntamiento viejo, por su perspectiva, está realizada desde donde estaba la antigua parroquia de Nra. Sra. de los Dolores que fue derribada en 1936. Quiere decir esto, que es posterior a la contienda y que el Zoilo, volvió para disfrazarse y a organizar un grupo de Carnaval en Isla Cristina tras la guerra, durante el Carnaval Prohibido.
Sabíamos que venía con su esposa cuando podía, según la trasmisión oral, a visitar a su familia isleña, pero desconocíamos que hubiera vuelto a partipar con alguna que otra agrupación. En este caso, parecen pescadores, algunos con su boinas, con pantalones cortos y descalzos, como solían trabajar los marineros en los antiguos galeones de sardinas.
La fecha de la misma, la desconocemos, como el nombre del grupo, pero bien pudiera haber sido realizada en la década de los años 50, ya que Marcelino, falleció en la vecina localidad portuguesa en 1956.
La imagen original puede tener entre 70 y 75 años. La fotografía de abajo está tratada con IA para mejorar la calidad.
Amaneció como uno de esos días en los que el calendario parece haberse levantado con sentido del humor, dando paso a la Cuaresma, entre tacones imposibles, medias de rejilla y un desfile de viudas que ya no lloran por la difunta sardina.
Centenares de isleños, hombres con barba de tres días y moño improvisado, mujeres con abanicos dramáticos, niños que ensayan el llanto entre carcajadas avanzan en comitiva solemne entre bailes, gritos desgarrados, poses de tragedia griega con matices de murgas y chirigotas. Las viudas, de un negro que brilla más que cualquier arcoíris, teatralizan, se rasgan las medias y se abrazan desconsoladas.
La sardina, pobre mártir de escamas simbólicas, es despedida con honores de estado carnavalero. Se le llora, se le canta y, en el fondo, se la agradece: que gracias a ella, el Carnaval tiene un final digno, ruidoso y absolutamente contradictorio. Porque este entierro no huele a incienso ni a muerto real, sino a pólvora entre una carcajada colectiva.
La Parroquia de los Dolores, blanca y altiva, observa a la muchedumbre y su torre mira con paciencia infinita este espectáculo de luto colorido, consciente de que, tras la última copla y el último petardo, llegará el tiempo del recogimiento. La Cuaresma entra así en escena con un redoble de tambores y un taconeo irreverente.
Isla Cristina, es la ciudad de los contrastes, donde la ironía se asoma a la nostalgia. Porque antes las viudas lloraban con arte; ahora, a veces, el cortejo amenaza con parecer más una cabalgata de “Jaloguin” con tanto zombi y bichos raros, que el rito burlón que marcaba la frontera entre el exceso de lo añejo y la templanza. Se llora menos, se posa más. El ingenio sigue ahí, sí, pero la autenticidad, esa lágrima fingida pero sentida, corre el riesgo de diluirse entre filtros de disfraces prefabricados, plastificados y envueltos en altavoces “bacalaeros” empujados por un acantilado hacia el abismo de la ausencia de identidad, de lo cateto y lo chabacano, ¿dónde quedaron aquellos compases de caja y bombo?
Aun así, el Entierro de la Sardina sigue siendo el gran acto de fe pagana de Isla Cristina: fe en la risa, en la sátira y en esa sabia contradicción que nos enseña que para empezar algo nuevo, hay que terminar otra cosa con dignidad… o, al menos, con un buen tacón y una peluca bien sujeta.
Porque aquí la Cuaresma no llega en silencio, llega ruidosa y escoltada por viudas que lloran a gritos, que bailan sobre la pena y que, mientras entierran a la sardina, entierran también el exceso de Don Carnal para dar paso aunque sea por un rato, al recogimiento. Y si no lloran con la pureza de antes, al menos que sigan haciéndonos reír.
Es tiempo de cuaresma, de recogimiento y meditación y en cuarenta días, estará el Señor de la Mulita bendiciendo nuestras calles………
Este fin de semana, he tenido la oportunidad de visitar una vez más la
hermosa ciudad de Lisboa, y subir al mirador que se ubica en lo alto del
Monumento a los Descubridores. El hecho de hacerlo, no fue subir, sino visitar
al mismo tiempo una muestra o exposición que en los bajos del edificio tienen
montada, dedicada a la conserva de la sardina.
Visionando con detalle la información de todos los paneles, así como todo
lo allí expuesto, he sentido un pelín de pena, al ver cómo a tan poco, se le
saca partido turísticamente y se pone en valor un patrimonio tradicional e
histórico.
Hace algún tiempo escribí sobre la necesidad de que todo ese legado
patrimonial se pusiera en valor, así como todo lo relacionado con el arte y la
cultura de la salazón y la conserva en la antigua Higuerita, actual Isla
Cristina.
Exponer y explicar a los jóvenes y visitantes qué es y para qué sirve una
pila de sal, qué es un tabal o un bulto de sardinas, como se estiba, para qué
sirve una prensa y cuantas charangas y fábricas existieron en Isla Cristina,
quienes eran, donde se ubicaban, así como el impulso económico y la
transformación que supuso la industria pesquera y conservera para la localidad,
recuperando marcas, latas, y la poca maquinaria que se pudiera recuperar.
Isla Cristina, actualmente cuenta con algunas importantes fábricas y firmas
dedicadas a la transformación y a la producción de conservas, pero en antaño,
llegamos a ser una potencia nacional con cientos y cientos de puestos de
trabajo que nos hicieron famosa por su calidad y producción.
De manera institucional o privada, Isla Cristina debería poner en valor
todo este legado cultural y económico, recuperarlo y protegerlo para perpetuar el conocimiento y que se revierta turísticamente en
nuestra economía, las actuales empresas pueden decir y ofrecer mucho.
Aquí sobra conocimiento, historia, archivos fotográficos, documentación,
enseres y existe gente cualificada y preparada de sobra en la localidad, solo
nos falta voluntad, interés y conciencia. Es un atentado y una temeridad, que
todo ese impresionante legado desaparezca por el paso del tiempo, el olvido y
la desidia.
Francisco González Salgado, junto a la placa con el poema.
Romance
de Sierra y Mar.
En la sierra, el aire canta con voces de luz temprana,
y entre olivos la fauna
duerme el rocío en las ramas.
Un
pastor cruza senderos
por veredas olvidadas,
y en su cayado resuena
la historia de la montaña.
Baja el río por el valle
con su música de plata,
lleva el agua que fecunda
los nogales y las parras.
En el campo, el labrador
rompe la tierra callada,
y en el surco queda escrito
el pan que la vida aguarda.
Más allá, donde se acaba
la mirada en la distancia,
despierta la mar y se alza
con su corona de escarcha.
Marineros van al alba
con las redes en las barcas,
y el salitre les dibuja
las arrugas en su cara.
Sierra, campo y mar se miran,
cada uno en la distancia,
y el hombre, entre sus latidos,
lo vive, los ama y trabaja.
Antonio Aguilera Nieves y Francisco González Salgado
Video
Ha sido todo un honor asistir
como invitado alos actos organizados
por la Fundación Savia por el compromiso y los valores, en la Finca Bonilla, en
Torre de Albanchez (Jaén)
Agradezco a la Fundación, a
Vicente Rodríguez de Olivar Ecológico y especialmente a nuestro amigo Antonio
Aguilera Nieves el trato exquisito y la deferencia que han tenido con mi persona,
al colocar una placa bajo una de aquellasencinas con uno de mis poemas, escrito,especialmente para dicho evento y que hemos inaugurado en una ruta
literaria teatralizada.
Ha sido un fin de semana 22 y 23
de noviembre, lleno de poesía,
literatura y música en un entorno privilegiado, natural y rural, en plena
Sierra de Segura,donde he departido y
enriquecido congrandes personajes de la
poesía y literatura contemporánea.
Sembrar un poema junto a un árbol
en el mismo bosque donde está el alma de Machado, Lorca, Magdalena S. Blesa,
Antonio Manuel, Magdalena Romero, Carmen Valladolid, Lola Almeida, Salvador
Compan entre muchos otros.., me han hecho sentir más pequeño de lo que soy.
Momento de la Mesa Redonda: Poesía en el Medio Rural.
Momentos de la Procesión Magna Mariana de 1954 Un grupo de isleños ante la imagen de la Virgen del Carmen
La devoción mariana de Huelva y
su provincia están de fiesta e inmersa en los actos previos a la Procesión
Magna Mariana de 2025 a celebrar el próximo sábado día 20 de septiembre, dónde
25 imágenes procedentes de Huelva y provincia, recorrerán las calles de la capital.
Esta celebración, está enmarcada
en la conmemoración del Año Jubilar de la Esperanza por parte del Papa
Francisco “una muestra de la riqueza y diversidad del patrimonio mariano de la
provincia”.
Hace ahora 71 años, Huelva fue
también testigo de otra Procesión Magna Mariana de las Patronas y que tuvo
lugar el 8 de diciembre de 1954, que unió la provincia entorno a la devoción a
la Virgen María, coincidiendo con la clausura del Año Santo Mariano y la
creación de la Diócesis de Huelva.
En aquella ocasión, la devoción
mariana que representó a Isla Cristina, no fue la de la Patrona, sino la
preciosa imagen de la Stma. Virgen del Carmen, Patrona de los Marineros, quién
de una manera definitiva, arraigó su devoción en la antigua Higuerita en 1863 y que curiosamente, fue la primera imagen de la Virgen del Carmen que procesionó en todo el litoral español como Patrona de los Marineros, siendo acogida en la Parroquia de San Pedro, desde dónde realizó su salida extraordinaria acompañada por una multitud de fieles.
La organización de este grandioso
evento a celebrar por el Obispado el próximo sábado, y con la organización del
Consejo de Hermandades y Cofradías de Huelva, ha decidido que en esta ocasión,
solo estén representadas las vírgenes coronadas canónicamente, y “han colado,
barriendo para casa” a las imágenes marianas de las hermandades sacramentales
de la capital.
Desgraciadamente, ninguna de las
grandes devociones isleñas estará representada en este importante acto artístico-devocional,
ya que ninguna de nuestras históricas devociones marianas han sido coronadas, por
las razones que sea, aunque hubo intentos en su momento para coronar a la
Virgen del Carmen y se paralizó por razones que no vienen al caso, y en estos
momentos, existe un procedimiento para
coronar a la Virgen de los Dolores, devoción más antigua de la localidad, desde
1756.
Por razones más que razonables y obvias,
no estarán la Virgen del Rocío y la Virgen de las Mercedes, patrona de Bollullos del Condado por decisión
propia de su Junta.
El sábado disfrutaremos de un
evento grandioso artístico y devocional para la Diócesis y la provincia de Huelva,
pero no olvidemos, que Huelva es marinera, y es una pena que la devoción carmelita
en esta ocasión no esté representada, para aglutinar el amor que le profesan los
hombres y mujeres de la mar a la Stma. Virgen del Carmen.
Y Manuel Carrasco volvió a su Isla
querida, aquí, donde sus raíces saben a sal, Isla Cristina, razón de su vida, su rincón marinero, su refugio y su hogar.
Por las fiestas de su Virgen bendita, en agosto, la Virgen del Mar, un requiebro a su pueblo, a su barrio y familia, un abrazo a sus orígenes, que no quiere olvidar.
Con un espectáculo lleno de gloria inundó de alegría la ciudad entera, su voz es un faro, la luz y memoria, música viva, arte y fiesta que nos desenfrena.
Revivió recuerdos, amigos, sevillanas y a su gente, y a tantos marineros que la mar se llevó, su homenaje fue noble, sentido, valiente, y el grito del niño, una declaración de amor.
Las Corales en dulce armonía, y la murga “del Colu” cantó en su compás, el pueblo vibró de alegría, y Manuel Carrasco nos hizo soñar.
Se llenaron bares, hoteles, rincones, se agotaron las plazas buscando aparcar, pues vinieron de lejos, de diferentes rincones a verlo en su tierra, a oírlo cantar.
Si en la Cartuja su voz se engrandece, si el Bernabéu lo aplaude sin fin, más grande se vuelve cuando agradece el aplauso y se viste de niño, desde la raíz.
Grande en talento, mayor en nobleza, Manuel es sencillo, cercano, verdad, su triunfo más alto no está en la grandeza, sino siendo uno mismo, sin dejar de soñar.
Y es que el “Lolito”, en su Isla Cristina, se sabe feliz, completo y entero, porque su raíz es tan cristalina como el mar que lo hizo cantor y carnavalero.
Articulo puoblicado en la Revista de la Real e Ilustre Hermandad
de Ntra. Sra. del Rocío de Isla Cristina
Me invita nuestro Hermano Mayor, José
Brizo, a que escriba unas líneas en esta
revista y rememore los pormenores que vivimos durante la elaboración y el estreno
de la plegaría “Y así que pase medio siglo”,compuesta para cerrar el Pregón de la Romería de 2024 que además,coincidía con la conmemoración de la celebración del 50
Aniversario Fundacional de nuestra querida Hermandad Rociera, y en la que participaron doce pregoneros de
nuestra localidad: Augusto Thassio (1996); Pedro Jesús Álvarez
Rodríguez (2010); Jerónimo Sosa Sosa (2011); José Manuel Ramos León (2012);
Mari Toni Contreras Montenegro (2013); Rafael Salgado Galloso (2014); Isabel
Perera Moreno (2016); Carmelo Fernández Faneca
(2018); Pepa Sosa Sosa (2019); José
Manuel Escobar Martin (2022);Francisco
Javier Morgaz Sierra (2023) y este que suscribe,Francisco González Salgado en (1994 y 2008).
Desde el mismo momento que nuestra
presidenta Mari Carmen Verdún junto a algunos miembros de la Junta de Gobierno
se reunieron conmigo para ofrecerme este pregón, se generó en mi, una gran
responsabilidad que no debía asumir, ya que había sido con anterioridad nombrado
pregonero en dos ocasiones, en 1994 y en 2008, y además, había sido el exaltador en la bendición del nuevo Simpecado en 2003, por
ello, mi negativa fue tajante, aunque no podía negarme a colaborar sin
corresponder a quienes con tanto cariño,habían recurrido a mí para dicho menester.
Durante la conversación que
mantuvimos, tuve algunos flases, esos que a veces suelen surgir y que dibujaron
en pocos segundos en mi mente, lo que meses después iba a acontecer. Les
propuse una idea, ¿por qué no contamos con todos los pregoneros de nuestro
pueblo y hacemos algo grande para la Virgen y así conmemoramos entre todos el
cincuenta aniversario de nuestra fundación? La incertidumbre y la incredulidad se
hizo dueña de todos ellos, y surgieron algunas preguntas: “¿pero cómo va a ser
eso, es muy difícil y además, sería larguísimo?” mi respuesta fue: “a esto sí
que me comprometo con vosotros, yo me encargo de llevarlo a cabo y hacerlo
posible”
Pasados algunos unos días,
comencé a dar forma a esta idea, y a contactar con cada uno de los pregoneros.
Desde ese momento, tuve que priorizar, y dejar de lado, algunas cosillas que
tenía para centrarme en dar forma al pregón, contactar con los pregoneros,
solistas, músicos y sumarlas al proyecto.
Sabía lo que quería, y cómo
debíamos acabar, estaba convencido de que todos los pregoneros estarían a gran
altura, dándoles libertad para que seleccionaran de sus pregones lo que mejor
creyeran conveniente,para después, darle
forma y sentido en un solo pregón a toda esa amalgama de sentimientos y
amorhacia la Virgen del Rocío. También,
además de la palabra recitada, teníamos que recuperar y poner en valor gran
parte del patrimonio musical, que a lo largo de todos estos cincuenta años se había
gestado en nuestra hermandad por diferentes autores, y que debíamos culminarlo
con una pieza de nueva creación que aglutinara todos esos sentimientos y nos
identificara cuando la cantáramos.
Tras algunos días tanteando
a “las musas”, llegaron los primeros compases, con esa sencillez que encierran
a las cosas hermosas, los primeros versos y tachones en un papel y un inmenso
amor en cada compás. La misma,debía
plasmar un grito de verdadera protestación pública de fe “Me emociono con decir tu nombre, me
consuelas y llenas mi corazón, y al mirarte me lleno de tu Rocío, Rocío,
Rocío….” al mismo tiempo, debía
recoger también esos cincuenta años de Hermandad, que se han fraguado con el paso
de los años y que con el tiempo en vez de diluirse como algo novedoso,cimentó en tierra fértil“y
así que pase medio siglo, cincuenta primaveras de amor y de suspiros, caminos
de promesas, soñando contigo, mi “Simpecao” bendito…”también, debía resaltar la donación de un
vestido bordado que como ofrenda de amor, nuestra hermandad hizo al Pastorcito
Divino durante la misa de peregrinación oficial por este cincuentenario “y un vestido bordado de sueños para el
pastorcito yo puse a tu pies, y el cariño de todo mi pueblo y de los rocieros
que rezan con fe..” rematándose con un recuerdo para todos aquellos
rocieros que tanto hicieron y quisieron a nuestra hermandad, y que hoy habitan bajo su manto en esas Marismas
Azules del Cielo. “Y de aquellos que
un día partieron hacia las marismas para estar contigo en el Rocío
Cielo…….”
Una vez finalizada esta
obra, contacté con a mi buen amigo Nacho Vinagre para comunicárselo y quedamos
para grabarla. Después, teníamos que buscar voces que la hicieran
realidad,y no podían ser otras sino de gente
rociera, que la sintieran como suya, por ello, recurrí al incombustible José
Antonio Monclova con su gente y al Coro “La Familia” dirigido por Mari Toni
Contreras, ¡benditos los “hados” que nos iluminaron en dicha elección, y en la
contundente y afirmativa respuesta! Unas
semanas antes del acto, comenzamos los ensayos, dónde se unieron al proyecto
algunos amigos que quisieron acompañarme, y faltaba la guinda, teníamos las
voces, buenos guitarras, pero esta pieza necesitaba de un plus, necesitábamos
envolvernos y abrazarnos a la música en la grandiosidad de lo que estábamos
intentando representar. Ramón Gómez, tampoco dudó ante nuestra llamada y
comenzó a trabajar en los arreglos musicales, poniendo ese toque romántico y
melancólico de su violonchelo que nos envolvió a todos, pero aún nos faltaba la intensidad profunda y armónica de
un piano,así estaba concebida esta
obra, y no llegaba. Al principio, casi todo fueron impedimentos y negativas más
que justificadas, hasta que surgió la luz que nos iluminó poniéndonos en el
camino a un gran músico, David Núñez, a quién bastó un solo ensayo horas antes
del estreno junto a todo el cuerpo musical y sin ni siquiera ensayar con las
voces.
Tras varios días disfrutando
de los ensayos, con el coro y los solistas, pudimos ultimar la plegaria con la que cerrábamos el Pregón del Cincuentenario, “Y
así que pase medio siglo”. Espero y
deseo, que fuera del agrado de los rocieros isleños y que estuviéramos a la
altura de tan magno acontecimiento.
Me emociono con decir tu
nombre,
me consuelas y llenas mi
corazón,
y al mirarte me lleno de tu
Rocío,
Rocío, Rocío….
Y así que pase medio siglo,
cincuenta primaveras
de amor y de suspiros,
caminos de promesas,
soñando contigo,
mi “Simpecao” bendito
Y un vestido
bordado de sueños
para el pastorcito
yo puse a tu pies,
y el cariño de todo mi
pueblo
y de los rocieros que rezan
con fe
y de aquellos que un día
partieron
hacia las marismas para
estar contigo
en el Rocío Cielo…….
Mi profundo agradecimiento a
los coros “La Familia” y de “José A. Monclova”, así como a
cuantos se sumaron al proyecto. A los guitarras Nacho Vinagre Pérez, Manuel Jesús Garrido Gómez y
José Antonio Monclova Rodríguez. A Manuel
Ramón Gómez Martínez con su violonchelo y a David Núñez Manó al piano.
También a la preciosa voz de
Carmen
Villaseñor Rodríguez y a los solistas que durante el pregón lo bordaron: María
Ceren Redondo, José Manuel Ramos León, Alejandra Morón Muriel, Aurora García
Rivas, Beatriz Morón Muriel y al joven Antonio José Domínguez Contreras, quién
nos deleitó con su gaita y su tamboril.
A todos ellos, siempre agradecido….
La Hermandad de Ntra. Sra. de la
Soledad, organizadora y encargada del culto a la preciosa imagen el siglo
XVIII, este año 2025, cumple 50 años de su fundación canónica.
Donada a la Parroquia de Ntra. Sra.
de los Dolores por el Doctor en medicina Don Carlos Granados, fue colocada
durante algunos años en una hornacina en la sacristía del templo. Al parecer,
era propiedad de sus antepasados y adquirida, tras la desamortización de Mendizábal de un
convento granadino.
En 1975, el párroco Don Manuel
Martín Gil, enamorado de esta maravilla, contactó con Manuel Carrasco Fragoso
“Manolito el de los Santos”, para que
creara una hermandad en su honor y le adaptara
un candelero para vestirla, quedando expuesta al culto desde entonces en la
Parroquia.
Hace algunos meses, esta talla que
rezaba como anónima, pues se desconocía su autoría, los investigadores la
atribuían por sus características o parecido a muchos los autores de la época, sin
ninguna garantía científica o documental.
Tras el estudio del catedrático de Hª del Arte de la UMA, D. Juan Antonio Sánchez López y el profesor
titular de la Hª del Arte de la UMA, Sergio Ramírez González, que se han
llevado años estudiando la obra de la “Familia Asencio de la Cerda”, de estilo
malagueño-antequerano, existen pruebas y
características más que evidentes para atribuirla a uno de ellos, concretamente
a uno de sus hijos, Vicente Asencio de
la Cerda, quién la realizó entre los
años de 1775 y 1790, siendo restaurada en 1996 por el imaginero isleño
Francisco José Zamudio Barroso.
Este año, Dios mediante, durante
el mes de septiembre, volverá a salir por las calles de Isla Cristina, para
conmemorar el 50 Aniversario de la fundación de su Hermandad.
Durante la procesión, el Señor
lució la antigua túnica bordada realizada en 1925, y que fue restaurada y
pasada a un nuevo terciopelo en la década de los años 90.
La última vez que la vistió, fue
en 2015, coincidiendo con la conmemoración del 75 aniversario de la hechura de
la actual imagen del Señor, para visitar las tres Parroquias de Isla Cristina.
En 1946, Don Manuel Carrasco
Fragoso "Manolito el de los Santos", funda la Hermandad de la
Flagelación, tras adquirir la imagen del titular, obra del escultor Pío Mollar.
Por aquellos años, solo existían
dos hermandades, la de Padre Jesús y Santo Entierro, y la recién creada del
Cautivo, así como también procesionaba realizando su salida las imágenes de la Virgen de los
Dolores y el Cristo de la Vida.
Todas estas imágenes recorrían
exclusivamente, la zona centro y el casco antiguo de la localidad. Las que
salían de La Ermita, venían para "abajo", y las de la Parroquia de
los Dolores se movían en su entorno histórico.
El Señor de la Flagelación, es la
primera imagen que se dirige al " Mundo Nuevo" es decir, para la zona
de "Allá Arriba" en el entorno de Matapiojos.
En casi toda aquella zona al
oriente de la población, existía un gran número de chabolas y casitas humildes,
donde habitaban la mayoría de los gitanos de la localidad.
Manolito "El de los
Santos", reclutó un buen número de hombres de aquella zona, en su mayoría
gitanos, que portaron al Señor durante muchos años..
Ante aquella novedad, le
sobrevino, el cariñoso apelativo de Hermandad de los Jumarros, que no es lo
mismo que gumarros, ya que esta última, es una deformación fonética de la
primera, aprendida por la transmisión oral, es decir, es un localismo, por la
deformación muy usada en nuestra localidad de forma despectiva para calificar a
una persona de poca educación y ordinaria. Muy lejos de lo que en verdad
significa Jumarros.
El verdadero origen de este
apelativo, es que a pie de aquellas casas y chabolas en su mayoría sin luz
eléctrica, se encendían las candelas en la calle que servían de braseros y
evidentemente, desprendían una gran humareda, valgan expresiones como: "por allí jumea" o "vaya jumerío".
La gente de "Abajo",
del centro, no acostumbrada a este hecho, comenzó a llamar a esta cofradía como
la " Hermandad de los Jumarros" por el humo que desprendían las
candelas, y se escuchaba decir este dicho: " hay que ver Manolito, mira
que llevarse al Señor pallá arriba con to el jumerío".
Manuel Carrasco Fragoso, sabia
muy bien lo que hacía, y no era otra cosa, que llevar al Señor al Mundo Nuevo,
a la gente de Allá Arriba, y portado por sus amigos, los gitanos de Isla
Cristina.
Finalizado el Carnaval de 2005, recibí la visita de nuestro recordado amigo, Jesús Martín Biedma, venía a ofrecerme, la participación en la grabación de un tema musical, que Manuel Diego Pareja Obregón de los Reyes, había compuesto y que le gustaría que lo dirigiera con las voces de nuestra comparsa "Mojiganga".
Tras contactar con Manuel Diego, me explicó bien el proyecto, nada más y nada menos, que se trataba de ponerle voz al Himno del Real Gremio de Halconeros de España que acababa de componer. Tras consultar con mi gente, no dudamos en aceptar colaborar en este bonito e interesante proyecto.
Hace unos días, me he topado con algunas fotografías de aquel momento, y que realizamos durante la grabación, me he dispuesto a recuperar este trabajo que he guardado durante 19 años, y al que no dimos mucha difusión. Hoy con las redes sociales, he montado un pequeño video, me gustaría compartirlo con vosotros, ya que merece la pena.
Fue todo un honor para nosotros, quedar inmortalizados en esta obra de Manuel Diego Pareja Obregón y sobre todo, dejar nuestras voces en tan magno proyecto.
Dicho himno fue presentado ante S.A. R el Rey Juan Carlos I en 2006, acto al que teníamos previsto asistir para interpretarlo, pero al final, surgieron algunos problemas que no lo hicieron posible.