domingo, 30 de agosto de 2026

ISLEÑOS DEL AÑO 2026. Antonio Mascareña Silva y Antonio Araujo Franco.


Carmen Mascareña Gutiérrez, recibe el reconocimiento
en memoria de su padre Antonio Mascareña Silva.

Antonio Araujo Franco, recibe un presente como reconocimiento.

Hay días en los que no se necesitan grandes discursos. Basta con detenerse, mirar hacia atrás y reconocer a quienes, con sus actos, han sabido representar aquello que todos quisiéramos ser.
El homenaje a nuestro recordado amigo Antonio Mascareña Silva y Antonio Araujo Franco como Isleños del Año 2026, promovido por la "Asociación de Amigos de Isla Cristina" en Madrid, ha sido uno de esos momentos.
Un acto sencillo, sin artificios, pero intenso y entrañable. De esos que no necesitan demasiados adornos porque la emoción ya estaba escrita en los rostros de los familiares y amigos, en los recuerdos y, sobre todo, en las historias de quienes recibían el reconocimiento, donde existieron notables ausencias...
Y hay algo especialmente hermoso para que una asociación decida poner el foco en los valores humanos. En una sociedad en la que tantas veces medimos el éxito por lo que tenemos o aparentamos, por lo que conseguimos o por el lugar que ocupamos, resulta reconfortante que todavía existan quienes nos recuerdan que también hay personas que merecen ser reconocidas simplemente por su humildad o sus azañas y por lo que fueron capaces de hacer por los demás.
El reconocimiento póstumo a Antonio Mascareña adquiere, por eso, una dimensión especial.
Antonio entregó su vida intentando salvar la de otra persona. Y lo hizo, además, cuando se encontraba limitado y convaleciente de una enfermedad. Pudo haber pensado en sí mismo. Pudo haber mirado hacia otro lado. Pudo, pero no lo hizo.
Hay momentos en la vida en los que no hay tiempo para pensar y sólo existe la necesidad de ayudar. Y Antonio respondió a esa necesidad con la grandeza de quien entiende que la vida de otro puede llegar a valer tanto como la propia.
Hoy, su ausencia duele, pero su gesto permanece.
Y quizás esa sea la mejor manera de entender este homenaje: no como un reconocimiento a una muerte, sino como un reconocimiento a una vida que, en su último suspiro, ha alcanzado una dimensión extraordinaria.
A su lado, Antonio Araujo Franco, presente en el acto, recibió también el reconocimiento de Isla Cristina en la figura del alcalde. Dos historias diferentes, pero unidas por algo esencial: la generosidad, la entrega y esa manera de entender la vida en un acto expontaneo que no busca protagonismo.
Las hermosas palabras de Begoña Bilbao, presidenta de la Asociación de Amigos de Isla Cristina, de Rafael López Ortega, del sacerdote don Emilio López Botello y del alcalde Jenaro Orta Pérez estuvieron cargadas de emoción y sentimiento. No fueron simplemente intervenciones protocolarias, han sido algo más. Fueron palabras nacidas del respeto y del cariño hacia quienes estaban siendo homenajeados.
Y quizá ahí estuvo la verdadera grandeza de la noche. Porque un pueblo también se define por a quién decide recordar.
Podemos recordar acontecimientos, fechas, edificios, personajes o episodios de nuestra historia. Pero cuando una sociedad decide recordar a quienes han demostrado solidaridad y entrega, está haciendo algo mucho más importante: está señalando el camino que quiere para quienes vienen detrás.
En tiempos en los que parece que todo gira demasiado deprisa, en los que el individualismo gana terreno y en los que tantas veces olvidamos mirar a quien tenemos nuestro lado, reconocer a Antonio Mascareña y a Antonio Araujo es también una forma de decirles a nuestros jóvenes y a la sociedad que hay otra manera de vivir.
Una manera en la que ayudar importa. En la que la palabra compromiso todavía significa algo. En la que tender una mano puede ser más importante que recibir aplausos.
Por eso creo que la Asociación de Amigos de Isla Cristina ha acertado plenamente.
Porque los homenajes más importantes no siempre son los que reconocen a quienes más han brillado, sino también a aquellos que nos recuerdan qué merece realmente la pena.
Y Antonio Mascareña, con su último acto de generosidad, nos dejó una lección que difícilmente podrá borrarse de nuestra memoria.
Quizás por eso, al salir de un acto como este, uno no puede evitar pensar que un pueblo es mucho más que sus calles, sus fiestas, sus tradiciones o su historia, los pueblos son su gente.
Un pueblo también es la suma de las personas que, con sus actos, consiguen hacerlo un poco mejor. Y en esa suma, desde ahora, hay dos nombres que merecen ocupar un lugar especial: Antonio Mascareña Silva y Antonio Araujo Franco.
Dos Isleños del Año.
Y, sobre todo, dos ejemplos de la grandeza humana que también forma parte de nuestra querida Isla Cristina. 


Galardonados, miembros de la Asociación de Amigos de Isla Cristina en Madrid y autoridades.

domingo, 23 de agosto de 2026

EL TRASLADO DE LA VIRGEN DEL ROCÍO



Hay momentos que se guardan para siempre en la memoria. Momentos que, más allá de lo que sucede ante nuestros ojos, consiguen hacernos pensar en por qué, quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde caminamos.
El traslado de la Virgen del Rocío desde su ermita hasta Almonte, ese acontecimiento que cada siete años inunda los caminos y reúne a miles y miles de personas en torno a una devoción, es uno de esos momentos.
Reconozco que, a pesar de sentirme todavía joven, por momentos me sentí mayor. No porque el tiempo haya pasado de repente, que ha pasado, sino porque al mirar alrededor descubrí una generación que ha tomando el relevo. Una juventud extraordinaria, con una edad que rondaba los veinte y treinta años, entregada por completo a la Virgen. Jóvenes que caminaban, cantaban, rezaban, ayudaban, disfrutaban y sufrían el camino. Así como los almonteños que portaban a la Virgen del Rocío bajo sus andas, jóvenes que entendían que el sacrificio también puede ser una forma de felicidad.
Y entonces, pensé en todas esas veces que nos hablan de la juventud. Nos dicen que los jóvenes han perdido los valores. Que viven alejados de la fe. Que solo les interesa la fiesta, el ruido, las modas, el alcohol, las redes sociales o todo aquello que parece convertirlos en una generación sin raíces. Pero allí estaba la respuesta.
Miles y miles de jóvenes caminando detrás de una Virgen, sin necesidad de una fiesta organizada, sin una gota de alcohol, sin ruidos externos, sin artificios, todos al unísono, sin más espectáculo que el de la devoción y la fe.
Cantando cuando había que cantar. Guardando silencio cuando el momento lo requería. Ayudando al que no podía más. Compartiendo agua, cansancio, lágrimas y sonrisas. Y, sobre todo, con la mirada puesta en la Virgen, acompañándola hasta Almonte.
Mientras algunos se empeñan en decirnos que la sociedad camina irremediablemente hacia el abandono de nuestras tradiciones, allí había una juventud demostrando precisamente lo contrario.
Una juventud que canta, vive, respeta y disfruta del sacrificio. Una juventud que no renuncia a sus raíces. Una juventud que ha decidido que la modernidad no tiene por qué estar reñida con la tradición ni la fe. Y eso también es importante decirlo.
Vivimos en un tiempo en el que parece que todo lo que procede de nuestras costumbres, de nuestras creencias y de nuestra manera de sentir tiene que justificarse. Como si tener fe fuese cosa de otros tiempos. Como si mantener una tradición fuese permanecer anclado en el pasado. Como si todo aquello que no encaja en determinados discursos de modernidad tuviera que considerarse antiguo, superfluo o arcaico…..
Hay cosas que no necesitan modernizarse porque siguen teniendo sentido: La fe y las tradiciones. Y el sentimiento de un pueblo que se reconoce bajo las andas de su Virgen es algo que difícilmente puede explicarse desde fuera.
Porque aquello que hemos vivido en este traslado no ha sido simplemente un acontecimiento religioso. Ha sido también una demostración de identidad, de pertenencia y de sentimiento. Almonte volvió a convertirse en destino y la Virgen volvió a ser el centro de todas las miradas, y bajo sus andas, entre empujones, lágrimas, sudor, cansancio y emoción, caminaba una generación que quizá algunos no esperaban encontrar allí, porque no han caído en las tramas de un progresismo mal interpretado.
Al mirar a mi alrededor, lejos de sentirme un poco mayor, me he sentido afortunado. Afortunado por haberlo vivido, por haber compartido camino con ellos, por comprobar que hay relevo, futuro. Porque podrán soplar muchos vientos de modernidad, podrán cambiar las formas, las modas y las maneras de entender el mundo, pero mientras exista una juventud capaz de recorrer kilómetros por devoción, de aceptar el cansancio por amor y de mirar a la Virgen con los ojos llenos de emoción, habrá algo que permanecerá intacto, y esa inmensa marea de corazones bajo las andas de la Virgen del Rocío lo ha demostrado.
Quizá por eso, cuando la Virgen entró en Almonte, yo ya no miraba solamente hacia Ella, miraba también hacia todos aquellos jóvenes esparcidos por el suelo, cansados, dormidos y agotados, y se me vino a la mente aquella sevillana de los Marismeños: "Porque el Rocío no se acaba, que no se puede acabar, mientras haya una persona de grite de corazón ¡Viva esa Blanca Paloma!"

El Taller de las Palabras con Francisco González Salgado 1 Programa .- Historia y Curiosidades de Isla Cristina.


En este primer programa de "El Taller de las Palabras", contamos con la participación de Francisco González Salgado, amante de la cultura y la historia de nuestra Isla Cristina, Carnavalero con una gran trayectoria y siendo en el actual año 2026, Pregonero del Carnaval Isleño.

Acompáñenos en esta tertulia, donde nos revelará la historia de Isla Cristina,  desde los inicios y crecimiento de La Higuerita, recorriendo lugares icónicos de nuestra ciudad y descubriendo gracias a sus indagaciones en curiosidades que muy pocos conocen.

Sean bienvenidos y descubran El Taller de las Palabras, donde las palabras cobran vida.

viernes, 17 de julio de 2026

Carta abierta: ELECCIONES EN LA REAL E ILUSTRE HDAD. DE NTRA. SRA. DEL ROCÍO DE ISLA CRISTINA



Ayer, 16 de julio, festividad de la Stma. Virgen de Carmen, concluyó el plazo para la presentación de candidaturas a la Junta de Gobierno de nuestra Hermandad del Rocío de Isla Cristina.
Desconozco cuántas se habrán formalizado, aunque todo hace presumir que serán dos las candidaturas, nacidas de la actual, y que concurrirán en el proceso electoral. Sí finalmente es así, estoy convencido de que ambas estarán integradas por buenas personas, buenos rocieros y buenos hermanos que desean lo mejor para nuestra Hermandad.
Precisamente por ello, vuelvo a expresar esta reflexión en voz alta con los mismos argumentos que he mantenido siempre en otras ocasiones, sobre todo, cuando se han presentado dos candidatos a Hermano/a Mayor, ya que en mi opinión, existen formulas internas y de consenso, y acuerdos a dos bandas, para no dañar los sentimientos de los interesados, antes de llegar a la “muerte súbita” de unas elecciones, “pero claro, para ello, se necesitan determinados valores que no todos tenemos y que deben prevalecer por encima de otros”.
Ahora es mucho más complejo, se trata de elegir a un Presidente/a y una Junta de Gobierno; el órgano deliberante y ejecutivo que dirige, gobierna y administra la Hermandad a todos los efectos, con sujeción a los acuerdos adoptados en los Cabildos, sin perjuicio de adoptar resoluciones en cuantos asuntos le estén atribuidos, de conformidad con cuanto determinan las presentes Reglas.
Concurrir a unas elecciones en una hermandad de las características de la del Rocío de Isla Cristina o en cualquier otra hermandad en nuestra localidad, (un derecho democrático, que entiendo y respeto), conlleva como en otras ocasiones que tras la confrontación electoral, unos se alzarán con la victoria y otros, casi con toda seguridad quedarán relegados al ostracismo y al “fracaso” en el intento. De estos últimos, conocemos muchos ejemplos, y serán pocos los que posteriormente acudan, cumplan y estén al lado de su hermandad durante los próximos cuatro años, desapareciendo salvo excepciones de los cultos, actos, convocatorias y un largo etc.
Entiendo y respeto plenamente lo que establecen nuestras reglas y la normativa eclesiástica. Las elecciones son un procedimiento legal, necesario cuando no existe otra alternativa. Pero no puedo evitar pensar qué, al final, cualquier proceso electoral deja una sensación inevitable de vencedores y vencidos, aunque nadie lo pretenda. Y en una hermandad nadie debería sentirse ganador ni derrotado.
Una Junta de Gobierno no debe entenderse como un espacio de poder, sino como un lugar de servicio. Formar parte de ella supone asumir una enorme responsabilidad y un compromiso con la Parroquia, con las personas, con la Hermandad y con la devoción a la Santísima Virgen del Rocío. Significa dedicar tiempo, esfuerzo y, en muchas ocasiones, sacrificar parte de la vida personal y familiar para trabajar por los demás.
Quien accede a una Junta de Gobierno no viene a mandar; viene a servir. No viene a buscar protagonismo ni reconocimiento; viene a trabajar, muchas veces desde el anonimato, para engrandecer la Hermandad de su pueblo y a fomentar el culto a nuestra Madre del Rocío.
Por eso siempre he creído que el consenso debe prevalecer sobre los personalismos, aquí todos sumamos y somos importantes.
Antes de llegar a unas elecciones habría sido deseable agotar todas las posibilidades de diálogo para conformar una única candidatura, capaz de integrar sensibilidades distintas y sumar las capacidades de todos. Una Junta donde nadie se sienta ganador de nada, sino que todos ganen una oportunidad de servir unidos, “pero claro, para ello, se necesitan determinados valores que no todos tenemos y que deben prevalecer por encima de otros”.
Sea cual sea el resultado, mi respeto será absoluto. La Junta de Gobierno que los hermanos elijan será mi Junta de Gobierno. Tendrá mi consideración, mi apoyo y mis mejores deseos, porque por encima de las personas está la Hermandad y, por encima de todo, la Virgen del Rocío.
Ojalá, en el futuro, podamos seguir avanzando hacia una cultura del entendimiento, donde el evangelio y el consenso sea la primera opción. Porque las hermandades no nacieron para dividir, sino para unir; no para alimentar rivalidades, ni intereses espurios, sino para fortalecer la fraternidad que nos reúne bajo el mismo Simpecado y a los pies de una misma Madre.
Que Ella ilumine a quienes tras todo el proceso electoral asuman la responsabilidad de dirigir nuestra Hermandad durante los próximos cuatro años y les conceda acierto en este legado que reciben, que deben proteger con humildad y espíritu de servicio. Al fin y al cabo, eso es lo verdaderamente importante, que nunca se os olvide: “la Hdad, es menor de edad” y seréis vosotros, quienes tendréis que tutelar y velar por ella.

miércoles, 24 de junio de 2026

“DE LA MEMORIA Y EL OLVIDO” (HISTORIAS RECÓNDITAS DE ISLA CRISTINA). Una obra de Francisco González Salgado.


Jenaro Orta obeserva como Paco González le dedica su libro

El salón de actos del CIT Garum registró el pasado sábado día 20, un lleno absoluto con motivo de la presentación del libro “De la Memoria y el Olvido”. (Historias recónditas de Isla Cristina), una obra de Francisco González Salgado que recopila décadas de investigación, divulgación y memoria histórica sobre la localidad, constituyendo un valioso legado para las generaciones presentes y futuras.

El acto estuvo conducido por la maestra isleña y presidenta de la Asociación de Estudios Históricos de Isla Cristina “El Laúd”, Aurora Gema Lozano, quien fue dando paso a los distintos intervinientes de una velada cargada de emoción, historia y cultura.

Junto al autor estuvieron presentes el alcalde de Isla Cristina, Jenaro Orta Pérez; el exeditor de La Higuerita, Rafael López Ortega; y Manuel Zurita Chacón de Solís, encargados de presentar tanto al autor como a una obra que ya nace como referencia imprescindible para conocer el pasado y las raíces isleñas.

Durante su intervención, Jenaro Orta destacó la figura humana e intelectual de Francisco González Salgado, con quien afirmó compartir una larga amistad forjada a lo largo de los años. El alcalde puso en valor la generosidad, el compromiso y la constante inquietud cultural del autor, subrayando que el libro es el reflejo de una vida dedicada a observar, investigar y divulgar la historia de Isla Cristina. En este sentido, señaló que la obra evidencia “su constancia y su amor por la escritura, así como su profundo compromiso con nuestra historia, nuestras raíces y la gente de Isla Cristina”. Orta destacó además la capacidad de Paco González para convertir los pequeños detalles de la vida cotidiana en relatos que ayudan a comprender mejor el pasado isleño y aseguró que, a través de estas páginas, muchos lectores podrán “descubrir hechos históricos que desconocíamos y aprender a entender, comprender y amar aún más nuestro querido pueblo”. El primer edil calificó asimismo la publicación como “un regalo para todos los isleños”, una invitación a mirar al pasado con orgullo y a seguir construyendo el futuro desde el conocimiento y el respeto a las raíces de la localidad.

Rafael López Ortega, Jenaro Orta, Paco González, Manuel Zurita. 


Por su parte, Rafael López Ortega definió la obra como “un documento imprescindible para la cultura de Isla Cristina”, destacando el enorme trabajo de recopilación realizado por el autor. López Ortega subrayó que el volumen reúne más de quinientas páginas de datos, fotografías, documentos y relatos que ayudan a comprender la evolución histórica de la localidad desde sus orígenes hasta tiempos recientes.

Asimismo, Manuel Zurita Chacón de Solís puso el acento en el profundo sentimiento isleño que impregna cada una de las páginas, calificando la publicación como “una obra entrañablemente isleña” en la que, además del rigor documental, se perciben “la vivencia, la palabra y el alma de un isleño de pro”

Panorámica del CIT Garum totalmente abarrotado


La publicación se articula en cinco grandes bloques temáticos que permiten recorrer distintos aspectos de la historia y la identidad de Isla Cristina. A través de sus páginas, el lector encontrará capítulos dedicados a la Pesca e Industria, motor económico y seña de identidad de la localidad; al Interés General y la Política, con acontecimientos y protagonistas que marcaron la vida pública isleña; a la Cultura y la Sociedad, reflejo de las costumbres y la evolución de la ciudad; a los Hechos, Noticias, Sucesos y Anécdotas, que recuperan episodios singulares de la memoria colectiva; y al apartado de Arte, Fiestas y Religión, donde tienen cabida las manifestaciones culturales, festivas y devocionales que forman parte del patrimonio sentimental de Isla Cristina.

A lo largo de la presentación, Francisco González Salgado compartió con los asistentes algunos fragmentos y artículos incluidos en el libro, ofreciendo una muestra del extenso trabajo de investigación, recopilación y divulgación histórica que ha desarrollado durante décadas. El autor agradeció las muestras de cariño recibidas y expresó su satisfacción por poder reunir en un solo volumen tantos años de trabajo periodístico y de compromiso con la historia local.

Ramón Gómez y Montserrat Vinagre


La parte musical de la velada corrió a cargo de Montserrat Vinagre Amador y Ramón Gómez Martínez, quienes interpretaron el pasodoble “La Higuerita Marinera”. Como broche final, Juan Santamaría emocionó al público con la interpretación del fado escrito por Paco González tras el fallecimiento de Carlos Cano, “Llora María la Portuguesa”.

Ramón Gómez y Juan Santamaría


La presentación concluyó entre prolongados aplausos y numerosas felicitaciones al autor, en una noche que puso de manifiesto el interés de los isleños por conservar y difundir la memoria histórica de Isla Cristina.

 

Fuente: Islacristinaweb.com


Presentación del Libro "DE LA MEMORIA Y EL OLVIDO" (HISTORIAS RECÓNDITAS DE ISLA CRISTINA) de Francisco González Salgado // 20 06 2026.


 

domingo, 17 de mayo de 2026

Misa de enfermos e impedidos durante la primera visita de la Virgen de Fátima a Isla Cristina.

Artículo publicado en el periódico La Higuerita 15-5-2026

Panorámica de la misa de enfermos en impedidos (Fotografía inédita)


La primera visita de la imagen peregrina de la Virgen de Fátima a Isla Cristina, en marzo de 1951, supuso todo un acontecimiento extraordinario en la Ciudad,  consagrando  la Casa Consistorial,  dicho día,  al Inmaculado Corazón de María y nombrando a Ntra. Sra. del Rosario de Fátima,  alcaldesa de Isla Cristina,  haciéndole entrega de las insignias de mando como recuerdo inolvidable de su visita.  En la segunda visita, en octubre de 1957,  también visitó La Redondela y Pozo del Camino.

Ahora que se han cumplido 75 años de aquella efeméride, hemos tenido la suerte de descifrar  el significado de esta fotografía que, llevaba meses en mi poder y  no había hecho pública hasta que no han encajado todos los detalles que confirman su significado y procedencia  que, no es otro, que la misa de enfermos e impedidos  celebrada el 7 de marzo de 1951.

Dicha celebración tuvo lugar en la Plaza del Caudillo, al estilo de las misas de campaña, ensalzada y adornada por la grandiosidad del acto. Según la prensa local¹, para este acto, la noche anterior se había invitado al pueblo entero, principalmente a los enfermos, a fin de que la milagrosa imagen ofreciera su poder de gracia a los carentes de la preciada salud. En un autobús y por las damas pertenecientes a San Vicente de Paul, entre ellas las señoritas Isidora Rodríguez y Agustina Cabot, fueron recogiendo por las fincas y campos a los impedidos, tullidos e inválidos,  quienes fueron alineados y colocados en un lugar preferente ante la Santísima Virgen, mientras los coros de Acción Católica entonaban motetes piadosos El momento fue de una grandiosidad inusitada emoción (muchas personas lloraban)  se apoderó de los enfermos ávidos de que la Virgen ofrezca sus dones y su poder, lo cual no se hará tardar pues la omnipotencia divina de la Virgen lo puede todo”.  

En la fotografía podemos observar cómo la plaza está totalmente abarrotada de personas, mientras el Santísimo accede por un pasillo, bajo palio, desde la parroquia provisional situada en la calle Catalanes, hasta el lugar donde se había colocado un altar, casi a la altura del ayuntamiento,  donde esperaba presidiendo la imagen de la Virgen de Fátima.  En las sillas y bancos, al principio, aparecen los enfermos y llama la atención el luto riguroso en el atuendo de muchas mujeres con sus pañuelos en la cabeza.  

Junto al Santísimo, entre otros, hemos podido reconocer a Emilio Cabet con traje oscuro y vara en mano. Portando el techo de palio al alcalde Juan Bautista Hernández Rubio con gabardina y detrás, a Enrique Martín. Con traje claro, José Cardoso y detrás, parece ser, el brigada, Comandante del Puesto,  José Jara Roca. Portando la custodia, intuimos que es el párroco y arcipreste de la costa Manuel Gómez Barba y, portando el incensario, el coadjutor de la parroquia, Miguel Román Castellano.

1.- Periódico La Higuerita. 12-3-1951


lunes, 4 de mayo de 2026

PUBLICADO EL PREGÓN DEL CARNAVAL DE ISLA CRISTINA 2026.


 

❤️🎭 PREGÓN DEL CARNAVAL DE ISLA CRISTINA 2026.

🎭❤️ 💙💛🎭 

Ante el interés de algunos amigos y seguidores por conseguir el texto del Pregón del Carnaval de Isla Cristina que ofrecí en pasado 25 de enero de 2026, os informo qué, lo podéis conseguir a través de la plataforma de Amazon en este enlace que os dejo abajo. 

No entraba en mis planes publicarlo con formato de libro, pero aquí está,  e incluye la presentación realizada por mi buen amigo Miguel Gómez Martínez.  

Será un placer compartir con vosotros la palabra escrita....

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En este enlace podéis adquirir el libro.

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domingo, 19 de abril de 2026

Semblanza a Wenceslao Rios Mora, Uve Ríos, "Premio La Higuerita de Honor 2026" por Francisco González Salgado



Buenas noches, señoras y señores, autoridades, queridos amigos todos…

Permítanme que, en este instante suspendido entre la solemnidad y la emoción de este acto, eleve mi voz —humilde y agradecida— para, en primer lugar, felicitar a nuestro galardonado en la magnificencia de esta gala de reconocimientos al sentir isleño y que hoy nos convoca bajo un mismo latido. Y al mismo tiempo, dejar constancia de mi más profunda gratitud a la Junta Directiva de la Asociación “Amigos del Periódico La Higuerita”, y de manera muy especial a su director, Esteban Magaz, por el ofrecimiento de su invitación y concederme el privilegio —casi un vértigo del alma— de dedicar estas palabras a quien hoy se alza, como Premio de Honor 2026: Don Wenceslao Ríos Mora… nuestro eterno y luminoso maestro, Uve Ríos.

Porque hay nombres que no solo se pronuncian en el aire… se cincelan en la memoria, anidan en el corazón, y florecen, eternos, en la emoción compartida de las vivencias.

Ya de niños —cuando el mundo aún cabía entero en una mirada limpia— soñábamos con pisar, siquiera fugazmente, las tablas sagradas del desaparecido “Teatro Gran Vía”. Aquellas funciones carnavalescas, interminables y mágicas como los sueños que no conocen final, nos encontraban acurrucados en el regazo tibio y las faldas de nuestras madres, abrazados a su ternura, mientras nuestros ojos, desbordados de asombro, contemplaban a aquellas agrupaciones… dioses de un Olimpo cercano y a la vez inalcanzable, que derramaban sobre el aire una lluvia de música, de versos y de vida palpitante.

Y quiso el tiempo —ese orfebre silencioso que modela los destinos— que, con apenas catorce años, este que os habla, bebiera de ese manantial inagotable de sabiduría que es Uve, junto a la exquisita elegancia artística de otro grande, Horacio Noguera, y al abrigo de un cortejo de nombres irrepetibles que tejieron con oro fino una época gloriosa de nuestra fiesta.

Allí comprendí que el carnaval no es solo cantar… es compartir, una herencia, un rito, un latido antiguo que nos habita en lo más profundo.

Cantar con los grandes, alzar aquel primer premio con la comparsa “Noche y Día”, fue mucho más que un triunfo: fue como un regalo de Reyes en la  Epifanía y que nos llevó, como quien navega sobre un sueño salino, hasta los estudios de RTVE, con un barquito cargado de la sal de Isla Cristina en el mítico “Un, dos, tres”, y que nos permitió llevar nuestro carnaval más allá de las fronteras visibles, revestido siempre de esa dignidad estética, de esa elegancia innata que lo define y lo distingue.

Hay quienes atraviesan la vida como una sombra leve… y hay quienes siembran constelaciones.

Uve Ríos pertenece, sin duda, a la estirpe luminosa de estos últimos.

Hoy no rendimos tributo únicamente a un artista, ni siquiera a un músico o a un autor. Hoy abrazamos una memoria viva, un legado compartido, una emoción coral que se ha ido depositando, como un delicado sedimento, en el alma colectiva de todos nosotros.

Porque hablar de Uve es invocar nuestro carnaval… pero también es invocarnos a nosotros mismos.

Es regresar a esas noches en las que las coplas latían en la penumbra de un cuarto de ensayo, como corazones desbordados. Es sentir ese pellizco inexplicable, esa herida dulce que no sangra pero permanece. Es reconocer esa belleza súbita que irrumpe sin aviso y que se queda a vivir entre nosotros.

Desde aquellos “Turistas del Tirol” del recordado Juan Columé hasta “Los Camborios”, su trayectoria ha sido un tapiz bordado con hilos de talento… sí, pero sobre todo con la materia invisible del alma. Y el alma —esa llama secreta— no se aprende: se mama, se intuye, se cultiva, se eleva… y se nace con ella.

Uve Ríos nos ha legado comparsas míticas que ya no nos pertenecen: pertenecen al tiempo, a la historia, a esa eternidad pequeña donde habitan los recuerdos verdaderos. Embajador y pionero en el Gran Teatro Falla en la década de los 70 —cuando el carnaval se disfrazaba de “Fiestas Típicas Gaditanas”— y que supo deslumbrar al exigente público gaditano con la majestad de sus tipos —no olvidemos que también es sastre de sueños— y con unas puestas en escena y popurrís que, como ráfagas de aire nuevo, transformaron la mirada de la “Tacita de Plata”, llegando incluso a cautivar al mismísimo Paco Alba.

Los Neoyorquinos, Los Mariachis, Los Románticos, Rumores de Caracolas, Nueva Orleans, Mendigos, Mercaderes de Venecia, Noche y Día, Kabuki, Romancero,  Arco Iris, Mimo… nombres que no son nombres: son relicarios de emoción,  ecos de un tiempo que aún suspira, son verdad hecha música.

Pero Uve nunca fue hombre de quietudes. Su espíritu, inquieto y generoso, lo llevó a derramar su arte en múltiples agrupaciones, extendiendo su música por las localidades vecinas de Ayamonte, Punta Umbría y otros rincones, como quien siembra belleza sin esperar cosecha.

Mucho antes, junto a Horacio Noguera, había dado vida al inolvidable Dúo Rinox, cuyo empaste musical y  armonía, nos  dejó una huella imborrable en quienes aprendieron, a través de sus voces, que la música también puede ser un refugio.

Autor de composiciones que han sido interpretadas por corales polifónicas, coros rocieros, villancicos y habaneras… su obra ha encontrado siempre nuevos cauces por los que seguir fluyendo.

Porque Uve nunca ha dejado de soñar. Nunca ha dejado de cantar.
Nunca ha dejado de crear abrazado a su guitarra que guarda un duende en su interior…que no conoce el silencio.

Así lo demostró componiendo para el tenor Guillermo Orozco, junto a la guitarra flamenca de Nacho Vinagre, regalándonos obras nacidas desde lo más profundo, de esas que no solo se escuchan,  se abrazan, se encarnan.

Y así lo volvió a demostrar cuando un joven isleño, “El Lolito”, llamó a su puerta con un sueño tembloroso por cumplir. Allí estuvo Uve, como tantas veces: sosteniendo, guiando, alumbrando el camino de quien hoy es nuestro artista más internacional, Hijo Predilecto de Isla Cristina y Andalucía: Manuel Carrasco.

Porque hay quienes alcanzan la cima…y quienes enseñan a otros a escalarla.

También fue actor —cómo no—, siempre lo fue. Cada escenario fue su reino, cada interpretación un acto de fe. Como aquel Merlín en “Una vez érase”, del cineasta y director de nuestro decano periódico Esteban Magaz, que cruzó fronteras llevando su magia intacta, sin renunciar jamás a su esencia.

Y en estos últimos años, cuando la vida se vuelve contemplación, Uve ha aprendido a dialogar con el tiempo. A detener la luz en el umbral de su despedida. Sus fotografías no son imágenes: son instantes salvados del olvido, fragmentos de eternidad. Por eso lo bautizaron como “Ladrón de atardeceres”… porque roba belleza en un instante para devolvérnosla multiplicada en emociones.

Hoy, al entregarle el Premio “La Higuerita de Honor 2026”, no celebramos únicamente una trayectoria… pronunciamos, con el alma abierta, una sola palabra: ¡gracias!

Gracias por cada nota derramada, por cada recuerdo sembrado,
por cada emoción que, sin saberlo, nos has regalado.

Y junto a ti, inseparable, firme como un faro en la oscuridad, siempre tu esposa Paqui Olías: tu compañera y amiga, con la mirada crítica, exigente  y sincera que todo creador necesita para no perder nunca el rumbo.

Porque hay vidas que se cuentan y hay vidas que se cantan.

La tuya, Uve, es de las que se quedan suspendidas en el aire, como una copla que nunca termina, como un atardecer que se resiste a apagarse, como la belleza cuando es verdadera… que no se va, que no se olvida, que simplemente… permanece.

Permíteme, como humilde ofrenda final, recitar aquellos versos que un día nacieron para ti con forma de pasodoble y que no pudieron ser gritados desde las tablas este escenario, y que hoy encuentran su destino:

                                                                                

Hoy la brisa me ha traído
al remanso de las olas,
los acordes de una infancia
con rumor de caracolas.

El rasgueo de una guitarra,
melodía sin igual,
ecos de aquel Gran Vía,
de una figura grande del carnaval,  

mi carnaval, de tus amores, de tus amores….

“Ladrón de atardeceres”, música y poesía,
que abrazas la luz de La Higuerita
y captas en un lienzo la dulce belleza y el aguamarina,
crisol de nuestro mar de Isla Cristina.

Bohemio y comparsista, ilustre sastre de la fiesta,
de ritmos, engalanados y elegancia en el disfraz.

Siempre de la mano de Horacio,
siempre “Camborio” enamorado,
soñando con notas musicales
y por Isla suspirando.
 

De ti bebimos todos
y cantamos a coros
tus grandes repertorios,

porque eres historia viva…  llena de gozo.

 

Recibe este homenaje, don Wenceslao Ríos Mora,
quieran o no darte una calle,

porque tú eres un maestro de la fiesta  
y  eres historia viva de nuestros carnavales.




Con todos ustedes, Don Wenceslao Rios Mora, Premio La Higuerita de Honor 2026.