viernes, 17 de julio de 2026

Carta abierta: ELECCIONES EN LA REAL E ILUSTRE HDAD. DE NTRA. SRA. DEL ROCÍO DE ISLA CRISTINA



Ayer, 16 de julio, festividad de la Stma. Virgen de Carmen, concluyó el plazo para la presentación de candidaturas a la Junta de Gobierno de nuestra Hermandad del Rocío de Isla Cristina.
Desconozco cuántas se habrán formalizado, aunque todo hace presumir que serán dos las candidaturas, nacidas de la actual, y que concurrirán en el proceso electoral. Sí finalmente es así, estoy convencido de que ambas estarán integradas por buenas personas, buenos rocieros y buenos hermanos que desean lo mejor para nuestra Hermandad.
Precisamente por ello, vuelvo a expresar esta reflexión en voz alta con los mismos argumentos que he mantenido siempre en otras ocasiones, sobre todo, cuando se han presentado dos candidatos a Hermano/a Mayor, ya que en mi opinión, existen formulas internas y de consenso, y acuerdos a dos bandas, para no dañar los sentimientos de los interesados, antes de llegar a la “muerte súbita” de unas elecciones, “pero claro, para ello, se necesitan determinados valores que no todos tenemos y que deben prevalecer por encima de otros”.
Ahora es mucho más complejo, se trata de elegir a un Presidente/a y una Junta de Gobierno; el órgano deliberante y ejecutivo que dirige, gobierna y administra la Hermandad a todos los efectos, con sujeción a los acuerdos adoptados en los Cabildos, sin perjuicio de adoptar resoluciones en cuantos asuntos le estén atribuidos, de conformidad con cuanto determinan las presentes Reglas.
Concurrir a unas elecciones en una hermandad de las características de la del Rocío de Isla Cristina o en cualquier otra hermandad en nuestra localidad, (un derecho democrático, que entiendo y respeto), conlleva como en otras ocasiones que tras la confrontación electoral, unos se alzarán con la victoria y otros, casi con toda seguridad quedarán relegados al ostracismo y al “fracaso” en el intento. De estos últimos, conocemos muchos ejemplos, y serán pocos los que posteriormente acudan, cumplan y estén al lado de su hermandad durante los próximos cuatro años, desapareciendo salvo excepciones de los cultos, actos, convocatorias y un largo etc.
Entiendo y respeto plenamente lo que establecen nuestras reglas y la normativa eclesiástica. Las elecciones son un procedimiento legal, necesario cuando no existe otra alternativa. Pero no puedo evitar pensar qué, al final, cualquier proceso electoral deja una sensación inevitable de vencedores y vencidos, aunque nadie lo pretenda. Y en una hermandad nadie debería sentirse ganador ni derrotado.
Una Junta de Gobierno no debe entenderse como un espacio de poder, sino como un lugar de servicio. Formar parte de ella supone asumir una enorme responsabilidad y un compromiso con la Parroquia, con las personas, con la Hermandad y con la devoción a la Santísima Virgen del Rocío. Significa dedicar tiempo, esfuerzo y, en muchas ocasiones, sacrificar parte de la vida personal y familiar para trabajar por los demás.
Quien accede a una Junta de Gobierno no viene a mandar; viene a servir. No viene a buscar protagonismo ni reconocimiento; viene a trabajar, muchas veces desde el anonimato, para engrandecer la Hermandad de su pueblo y a fomentar el culto a nuestra Madre del Rocío.
Por eso siempre he creído que el consenso debe prevalecer sobre los personalismos, aquí todos sumamos y somos importantes.
Antes de llegar a unas elecciones habría sido deseable agotar todas las posibilidades de diálogo para conformar una única candidatura, capaz de integrar sensibilidades distintas y sumar las capacidades de todos. Una Junta donde nadie se sienta ganador de nada, sino que todos ganen una oportunidad de servir unidos, “pero claro, para ello, se necesitan determinados valores que no todos tenemos y que deben prevalecer por encima de otros”.
Sea cual sea el resultado, mi respeto será absoluto. La Junta de Gobierno que los hermanos elijan será mi Junta de Gobierno. Tendrá mi consideración, mi apoyo y mis mejores deseos, porque por encima de las personas está la Hermandad y, por encima de todo, la Virgen del Rocío.
Ojalá, en el futuro, podamos seguir avanzando hacia una cultura del entendimiento, donde el evangelio y el consenso sea la primera opción. Porque las hermandades no nacieron para dividir, sino para unir; no para alimentar rivalidades, ni intereses espurios, sino para fortalecer la fraternidad que nos reúne bajo el mismo Simpecado y a los pies de una misma Madre.
Que Ella ilumine a quienes tras todo el proceso electoral asuman la responsabilidad de dirigir nuestra Hermandad durante los próximos cuatro años y les conceda acierto en este legado que reciben, que deben proteger con humildad y espíritu de servicio. Al fin y al cabo, eso es lo verdaderamente importante, que nunca se os olvide: “la Hdad, es menor de edad” y seréis vosotros, quienes tendréis que tutelar y velar por ella.

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